Fue el morbo lo que me impidió acostarme temprano el sábado por la noche y es que el tema del descenso quedaría resuelto en ese momento; así como lo indicaban las estadísticas, Estudiantes Tecos se fue a la Liga de Ascenso gracias a sus patéticas participaciones en el torneo regular y sin demeritar al Atlas que le dio el tiro de gracia tras ganarle a Monterrey.
Como ya hacía mucho que no se veía, Atlas salió a jugar bien equilibrado y concentrado a sabiendas que tenía dos aspectos a su favor; el primero que Monterrey jugaba prácticamente con sus reservas debido a su compromiso en Concachampions, y segundo que los Estudiantes habrían empatado con Puebla una noche antes.
El gol de Hugo Domínguez, la inspiración de su cancerbero Miguel Ángel Pinto y la pasión desenfrenada de la afición fueron también cruciales para que los zorros se mantengan otro año más en Primera División. Sin embargo, los rojinegros no deberán bajar la guardia y tendrán que buscar buenos refuerzos que los ayuden a alejarse del descenso para los siguientes dos torneos.
Al terminar el partido, jugadores, cuerpo técnico y aficionados celebraron con mucho ímpetu su permanencia en el máximo circuito como si hubiesen ganado un campeonato, se me hizo aberrante y mediocre festejar el no descenso cuando deberían reflexionar objetivamente que si no se fueron a la Liga de Ascenso fue porque hubo otro equipo peor.
A la afición atlista no puedo criticarle su fervor por un equipo que tan sólo ha conseguido un campeonato (1950-51), porque es realmente quien sudó la camiseta, enserio que sufrió en las tribunas por los malos resultados de sus rojinegros y ojalá que muy pronto los vean coronar porque se merecen celebrar un campeonato no una permanencia.
Finalmente a Estudiantes recordarlo al igual que a los muertos, y no decir “tan bueno que era”; más bien, siempre tan gris y con un triste campeonato. A sus 37 años de jugar en Primera División, Tecos o Estudiantes dejan el máximo circuito. Requiescat in pace.
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